La primera parte de ayer fue un gran paso atrás. La tarde del Cartagena y la noche del Barça B había cosas que salvar a pesar de los resultados, porque el equipo esos dos días hizo tramos de partido en los que se adivinaba su progreso. Ayer ganó un punto, pero no jugó nada. O sea, recayó. Mandía realizó cambios en todas las líneas y puso a los exteriores a pie cambiado, pero el fútbol del equipo fue de una rigidez insoportable. Nadie buscó sorprender, nadie se ofreció, nadie salió de su sitio (bueno, sí, Juanlu sólo una vez se metió por dentro y la jugada acabó en una mayúscula ocasión triple de gol. Ver fotos de Hidalgo en la página siguiente), pero de resto el Tenerife fue un equipo plano, preocupado por cerrarse sobre Iñigo Vélez, que es la referencia clave del juego ofensivo de un Numancia que con su 4-3-3 se juntó por el medio para quitarle maniobra entre líneas al juego local y luego salió a la contra, terminada con los pases interiores de Dimas y Barkero. Así, Iñigo casi marca ante Sergio (13'), antes de que en la única acción de movilidad de los medias punta locales llegase esa gran ocasión que acabó siendo un pim, pam, pum casi sobre la línea. Sólo el hecho de estar tan hundidos explica que el destino castigue al Tenerife negándole el gol en esa jugada. Luego Natalio tuvo la suya, pero Dani López salvó a su equipo cuando la pelota ya había superado a Edu (27').
El Numancia, que nunca se descompuso ante un rival tan previsible, esperó su momento y lo encontró. A eso vienen ya todos los equipos al Heliodoro. Una salida a la contra con el pase diagonal del lateral zurdo al derecho puso a Flaño en ventaja, corrió toda la banda, llegó ante Sergio y marcó. Natalio ya se había ido a la izquierda, su banda más natural, y no corrió con su lateral para impedir el gol. ¿Será por esta razón, para tapar a Flaño, por la que Juanlu empezó en la izquierda?
El 0-1 fue un mazazo que abundó en la frustración local. El Tenerife se puso más nervioso y empezó a colgar balones desde tres cuartos. El Numancia, con Nagore, que fue la sombra de Antonio Hidalgo, en plan capataz por delante de la defensa (cada vez que viene al Estadio se da gusto), se aprovechó de las pérdidas de balón locales (Ricardo estaba errático), y casi sentencia con un segundo gol. Lo tuvo Mikel Álvaro (38') solo ante Sergio y luego Ibrahima ( 40') en el segundo palo. A los dos se les hizo grande el portero.
Buenos cambios.- En el descanso entró por la izquierda Julio Álvarez, que ha pasado de ser el deseado al esperado, e Iriome por el centro. El Tenerife, que ya no pasó más apuros defensivos, jugó sus minutos más esperanzadores en el primer tramo de esta continuación, ahora con dos puntas fijos arriba. La razón: Juanlu y Julio se tiraban hacia dentro y le daban más fútbol al equipo entre líneas. Cada vez que Juanlu descubría su banda, Iriome entraba por ella. Los cambios de posición y la movilidad en ataque de los de Mandía pusieron en evidencia a la zaga numantina, que había vivido plácidamente la primera parte. El icodense tuvo tanto protagonismo en ataque como poco acierto.
El Tenerife se volcó, pero desacertado, descoordinado, sin fe. Los dos puntas apretaban en la presión, pero nadie iba detrás de ellos y el equipo tenía dificultades para coger así un ritmo continuado. Lo mejor de ese tramo y casi del partido fue Luna, que salió dividiendo siempre con la pelota y apretó desde el fondo. Parecía ajeno a la situación de sus compañeros.
Mediado el segundo tiempo, Unzue fue refrescando a su ya conservador equipo, y Mandía metiendo más desequilibrio. Entró Omar, que le dio a Nino un buen pase en ventaja, tal vez la única que tuvo en toda la tarde, frente a Edu, pero este evitó el gol (25').
Cuando el partido agonizaba y el público arreciaba en protestas (sonora contra Llorente) llegó el empate en otra jugada muy embarullada. El equipo apretó, perdió inocentemente a Julio, autoexpulsado y acabó como realmente está, hundido y sin saber de dónde viene el problema ni a dónde va su destino. Se acabó el efecto revulsivo, ha perdido el poco fútbol que tenía y la frustración lo está devorando. Ayer hizo lo poco que le dio su impecable actitud, pero le faltó aquello que depende de su juego, porque no lo tiene.

